Grados en la Masonería

Los tres grados de la masonería son:

  • Aprendiz – es el primer grado, el de los iniciados, con el que una persona se vuelve masón;
  • Compañero – es un grado intermedio, donde el masón se dedica a aprender;
  • Maestro – es el tercer grado, en el cual se requiere que el masón participe en la mayor parte de los aspectos de la logia y de la masonería.

Los tres grados representan tres etapas del desarrollo personal. No hay, para los masones, un significado único de estos tres grados; conforme un francmasón va trabajando en cada uno de los grados y estudiando, interpretará estos grados en función de su desarrollo personal, y su única obligación será cumplir con las normas de la logia para la que trabaja. Una estructura simbólica común y una serie de arquetipos universales le servirán a todo masón para encontrar sus propias respuestas a las preguntas filosóficas de la vida.

No hay ningún grado en la francmasonería que sea superior al grado de maestro. Si bien algunas órdenes masónicas tienen otros grados con números, estos otros grados se consideran complementarios al grado de maestro y no promociones del mismo. Un ejemplo de ello es el rito escocés, que confiere grados desde el número 4 hasta el número 33. Para alcanzar estos grados adicionales, es necesario ser maestro masón. Su administración depende de un sistema paralelo al de las logias azules o de artesanos; dentro de cada organización hay un sistema de oficios, que confiere rangos únicamente dentro de ese grado o dentro de esa orden.

En algunas jurisdicciones, en particular las de Europa continental, se les solicita a los masones que elaboren artículos sobre temas filosóficos, y que los presenten en público en la logia. Hay una extensísima bibliografía de artículos, revistas y publicaciones masónicas, que incluyen abstracciones extravagantes con lecciones espirituales y morales de calidad diversa, manuales prácticos acerca de la organización y el manejo de los ritos, y también artículos históricos y filosóficos que merecen un gran respeto académico.

Comuneros: objetivos, estructura y simbología

Se autodenominaban confederación, porque era una unión libre y espontánea de todos los alistados en las diferentes "fortalezas" del territorio español. Su objetivo era conseguir con todos los medios que tuviesen a su alcance la libertad del género humano y proteger y sostener los derechos del pueblo español frente a los abusos del poder arbitrario, evitando que la revolución liberal retrocediese, así como socorrer a los menesterosos. Para ello se enfrentaron especialmente al "Plan de cámaras" de los liberales moderados, quienes proyectaban una reforma de la Constitución de Cádiz que reformara sus aspectos más progresistas.

Se dividía en Merindades y Comunidades, y dentro de estas en Torres, Fortalezas y Castillos. Estaba dirigida por una asamblea suprema compuesta por los siete individuos más ancianos residentes en la capital y los procuradores, nombrados por las comunidades.

El primer acto de nota de los comuneros fue terrorista: el asesinato de Matías Vinuesa, capellán de honor del rey y conspirador absolutista, párroco de Tamajón.

Aunque fue detenido en febrero de 1821 por haber conspirado para devolver el poder absoluto a Fernando VII, el sacerdote fue juzgado y condenado solamente a diez años de prisión, pena que pareció tan leve que una turbamulta de comuneros asaltó la cárcel donde se hallaba el 4 de mayo y le dieron muerte a martillazos. No se detuvo a nadie por este acto y los comuneros empezaron a jactarse de pertenecer a la ya no tan secreta sociedad luciendo pequeños martillos de plata en los puños del bastón, en la solapa o en la pechera de la camisa junto a la banda morada. Fue esta banda morada la que luego pasó a ser una franja de la bandera tricolor de la República, y tanto esta como el martillo fueron así señales o símbolos de pertenencia a esta sociedad, así como la canción del "Trágala`", especialmente injuriosa para los absolutistas.

Las Tigresas Blancas y el Dragón de Jade

La mayoría de mujeres que llevan a cabo el aprendizaje de Tigresas Blancas, no disponen del tiempo suficiente para trabajar y ganarse la vida. Por eso necesitan una especie de "mecenas", un hombre que comparta sus objetivos, las entienda, les marque una disciplina en su vida, y esté dispuesta o mantenerlas, al menos durante sus tres primeros años de prácticas.

Este hombre es el Dragón de Jade, el único autorizado a mantener una relación formal con la Tigresa Blanca, aunque no suelen vivir juntos, y si lo hacen, cada uno duerme en su propia habitación.
Una vez a la semana la Tigresa le pide permiso para dormir con él, y en ese caso, de mutuo acuerdo, practican varias técnicas sexuales, siguiendo reglas muy estrictas.

A diferencia de la Tigresa Blanca, que practica sexo con muchos hombres, el Dragón de Jade le debe una fidelidad implícita. Toda su existencia durante los tres años de formación de la Tigresa gira alrededor de ella y de sus prácticas, de las cuales él también saldrá beneficiado. Pero en ningún momento le impondrá a la Tigresa nada en contra de su voluntad, ni tendrá relaciones sexuales con otras mujeres.
A cambio, la Tigresa le tiene que informar de cada encuentro sexual que vaya a tener con un Dragón Verde y esperar su visto bueno. Su relación se basa en el mutuo acuerdo y la transparencia absoluta de sus actos. Esto es así porque el Dragón de Jade presencia las felaciones que la Tigresa hace a otros hombres. El objetivo de actuar como un voyeur es que el Dragón de Jade se vaya excitando, de forma que producirá cada vez más esperma y evitará caer en la rutina sexual que suele caracterizar a la mayoría de las parejas. Esta complicidad, más que un sinónimo de amor, se establece para conseguir una meta mucho más elevada: progresar juntos en el proceso de restauración de la juventud.

La presencia del Dragón de Jade durante los encuentros de la Tigresa con un Dragón Verde se mantiene secreta en todo momento. El Dragón Verde no puede saber que hay otra persona mirando. Así, la Tigresa se siente protegida para realizar la felación de la manera más relajada posible y podrá compartir después su experiencia con el Dragón de Jade y hablar de ello. Éste está autorizado a tocarse mientras observa escondido a la pareja, pero de ninguna forma puede eyacular.
La relación que se establece entre la Tigresa y el Dragón de Jade es una relación compleja y seria, hasta tal punto que cuando una Tigresa encuentra a un posible candidato a Dragón de Jade, le pide a su maestra un estudio astrológico de ambos para ver si son compatibles.
Después de los tres años de permanencia juntos, se pueden separar o seguir unidos. La decisión dependerá de la Tigresa.

Algunos Dragones Verdes pueden llegar a ser Dragones de Jade.
En general es la Tigresa la que lo propone, después de haber satisfecho todos sus deseos durante los tres años de su formación.
De la misma manera, un Dragón de Jade puede convertirse en maestro de tigresas, aunque lo normal es que sean mujeres que han completado su formación de nueve años. Cuando es así, pasa a llamarse Tigre Blanco, homónimo masculino de la Tigresa Blanca.
Muchas Tigresas Blancas que no disponen de Dragón de Jade trabajan de masajistas para poder vivir.

Masonería: el Gran Arquitecto del Universo

El Gran Arquitecto del Universo, expresado habitualmente con el acrónimo GADU, es el nombre simbólico con el que suele referirse en masonería al Principio Creador o Causa Primera, independientemente de que ésta se interprete desde un punto de vista teísta o deísta.

La creencia en el Gran Arquitecto del Universo, es uno de los principios considerados inamovibles dentro de la corriente de regularidad masónica liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra, si bien los masones, como individuos, son libres de creer en el Ser Supremo que se ajuste a su creencia personal.

Para la corriente de regularidad masónica iniciada por el Gran Oriente de Francia, sin embargo, la exigencia de la creencia en un Gran Arquitecto del Universo como Principio Creador, incluso si éste es dejado a la interpretación libre de cada cual, es considerada como la imposición de tipo dogmático por lo que sus miembros son libres de creer o no creer en la existencia de este principio y de utilizar o no este símbolo en sus ritos.

Muchos francmasones siguen alguna de las religiones tradicionales, como pueden ser la católica, la judía o la musulmana; hay también quienes consideran que el GADU es el mismo Dios creador que determina a su voluntad los planos de la existencia, en el caso de los judíos y cristianos Yahwéh (Yahvé) o Jehová; y en el caso de los musulmanes Alá (los cuales serían aparentemente dos deidades distintas). Para otros varios será un Principio Creador que está en el origen del Universo, cuya naturaleza es indefinible. Los hay también quienes identifican al Gran Arquitecto del Universo con un Demiurgo creador, con el espíritu del hombre, con el pensamiento, o con el hombre mismo.

Hay igualmente masones que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con una interpretación panteísta o naturalista. Por último, existen muchos masones no creyentes, para quienes dar cualquier valor al símbolo del GADU implica necesariamente una afirmación de fe sobre el misterio último de la existencia, por lo que prefieren prescindir absolutamente del mismo.

La interpretación del GADU es tan amplia como es también la interpretación de Dios en el mundo y la polémica que le acompaña como concepto es también análoga.