Sociedad de los Caballeros Comuneros

La Confederación de Caballeros Comuneros Españoles, Sociedad de los Caballeros Comuneros o Hijos de Padilla fue una organización secreta paramasónica creada en España en 18211 y concluida en 1823 con su división en otras dos sociedades.

No sólo en España, sino en toda la Europa de la Santa Alianza, recurrir a las conspiraciones y a las sociedades secretas era algo inevitable. La ausencia de espacio democrático, las restricciones a la libertad de prensa y de expresión hacían que los opositores al absolutismo entraran en y crearan organizaciones clandestinas. Y era en las sociedades secretas, a pesar de sus fracasos acumulados, donde se hacía el aprendizaje y el proselitismo revolucionario. Disidente de la Masonería, la Comunería fue creada para satisfacer el ímpetu revolucionario de los liberales exaltados que, dentro de la Masonería, se veían coartados en sus deseos de hacer progresar la revolución liberal, refrenada en un primer momento por los liberales moderados o doceañistas afiliados a la misma y muy influidos por los Orientes franceses. La Comunería, pues, no sería la hija española de la masonería y ni siquiera una escisión, sino más bien la forma concreta que tomó en España la disidencia masónica, de forma similar a lo que ocurrió con la Carbonería en Italia. A imitación, pues, de los carbonarios, nacionalizaron el rito masónico aligerándolo de tradiciones reaccionarias e inspirándose en el levantamiento de los Comuneros de Castilla: Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado contra Carlos I en el siglo XVI, en especial del primero, de forma que se llegaron a llamar ellos mismos "Hijos de Padilla", y adoptaron como símbolo propio el color morado, que se pretendía era el del pendón de los comuneros históricos. Poco a poco, durante el Trienio Liberal, también por el influjo intoxicador del monarca y sus familiares y otras sociedades que se fueron infiltrando en la misma, como fueron la Masonería y la Sociedad del Anillo, se fue escindiendo en dos ramales, el no revolucionario y el revolucionario, este último muy influido por la Carbonería italiana, cuyos emigrados italianos (Giuseppe Pecchio, Guglielmo Pepé etc.) y franceses (Claude François Cugnet de Montarlot) habían desembarcado en Barcelona en 1823 y habían logrado influir también en Madrid. En suma, unos quinientos carbonarios italianos subvencionados por el gobierno liberal español lograron montar, dentro de la Comunería, un poderoso ramal del Carbonarismo. Esta rama revolucionaria era políticamente liberal y en sus manifestaciones más avanzadas de un cierto socialismo utópico. Los comuneros revolucionarios se reunieron en el Café de Malta, en la Fonda de San Sebastián, en el célebre café de la Fontana de Oro y, en sus últimos tiempos, en la Sociedad Landaburiana.