Las Damas Blancas: Historia y Mito

La mayoría de las sociedades secretas femeninas están en sus orígenes relacionadas al culto al misterio de la vida y de la fecundidad.
En este caso de las Damas Blancas, sus raíces están en el culto griego a la diosa Afrodita.


Afrodita

Afrodita es la diosa griega del amor, la lujuria, la belleza, la sexualidad y la reproducción.
Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como "la diosa del amor", es importante señalar que normalmente no era el amor en el sentido cristiano o romántico, sino el amor como atracción física o sexual.

Según la mitología griega, Afrodita no tuvo infancia: en todas las imágenes y referencias nació adulta, núbil e infinitamente deseable.
Debido a su inmensa belleza, Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. Por ello la casó con Hefesto, el severo y malhumorado dios del fuego y la fragua.
Sin embargo Afrodita, aún casada con Hefesto, no fue fiel, y mantuvo frecuentes romances con otros dioses, especialmente con el poderosísimo Ares, aunque también con Dionisos y Hermes.
También tuvo amantes entre los mortales, como Adonis, Anquises, Faetón y Kratos, entre otros.

Afrodita tenía sus propios festivales, las Afrodisias, que se celebraban por toda Grecia pero particularmente en Atenas y Corinto. En el templo de Afrodita ubicado en la cima del Acrocorinto (antes de la destrucción romana de la ciudad en 146 a. C.) las relaciones sexuales con sus sacerdotisas eran consideradas un método de adoración a la diosa. Este templo no fue reconstruido cuando la ciudad se refundó bajo dominio romano en 44 a. C., pero es probable que los rituales de fertilidad perdurasen en la ciudad, cerca del ágora.


Venus

Venus era una importante diosa romana relacionada principalmente con el amor, la belleza y la fertilidad, que desempeñaba un papel crucial en muchas fiestas y mitos religiosos romanos, pero desde el siglo III a. C., la creciente helenización de las clases altas romanas la identificó como equivalente de la diosa griega Afrodita.

Su culto empezó en Ardea y Lavinio (Lacio). El 15 de agosto de 293 a. C. le fue dedicado su templo más antiguo del que se tiene constancia, y el 18 de agosto se instituyó la fiesta llamada la Vinalia Rustica. El 25 de abril de 215 a. C. le fue dedicado un templo fuera de la Porta Collina en la colina Capitolina para conmemorar la derrota romana en la Batalla del Lago Trasimeno.


Cristianismo

El culto de Venus fue desterrado por el cristianismo, como todos los cultos paganos.
Sin embargo fue mantenido en secreto por diferentes grupos, no necesariamente compuestos por mujeres exclusivamente.
Pero hacia el 1200 comienzan a aparecer alusiones literarias al culto a la diosa, así como diversas leyendas medievales, ahora sí, ya convertido en un culto exclusivamente femenino rodeado de misterio, como por ejemplo la leyenda de Tannhäuser.

Esta historia alemana cuenta que el caballero y poeta Tannhäuser halló el Venusberg, una montaña con cuevas que contenían el hogar subterráneo de Venus, y pasó un año adorando allí a la diosa. Tras abandonar el Venusberg, Tannhäuser tuvo remordimientos y viajó a Roma para preguntar al papa Urbano IV si era posible que le absolvieran sus pecados.
Urbano contestó que el perdón era tan imposible como lo sería que su báculo floreciese. Tres días después de que Tannhäuser se marchara, el báculo de Urbano floreció. Se enviaron mensajeros a buscar al caballero, pero éste ya había regresado al Venusberg y nunca volvió a ser visto.

Se ha afirmado que el Venusberg no es más que uno de tantos grupos, de las por entonces llamadas Damas de la Rosa Blanca, que habría sido descubierto por Tannhäuser, y que el caballero habría cedido a la tentación de aprovechar aquel descubrimiento en provecho propio.
De las clases altas romanas, a la nobleza de la Edad Media europea, el culto se habría mantenido, aunque sufriendo transformaciones en su interacción con otros cultos paganos.


Siglo XVIII

Con el debilitamiento del poder de la Iglesia, y la proliferación de sociedades secretas, las cortes europeas serían el caldo de cultivo ideal para la reaparición de la leyenda de las Damas Blancas.
Lejos ya de sus connotaciones religiosas, la organización vuelve a ser mencionada con insistencia, siempre vinculada a mujeres de las familias nobles.
El carácter apolítico de la organización, así como el hecho de que sus integrantes fueran exclusivamente mujeres, contribuyó a que nunca fuera vista como un riesgo para el poder de turno, como sí lo serían otras sociedades secretas masculinas.
Sin embargo ese mismo menosprecio hizo que nunca fueran infiltradas como sí lo serían las demás sociedades secretas.

Esto ha tenido como consecuencia, por una parte un profundo desconocimiento de su funcionamiento interno y por otro que desde muchos círculos intelectuales se descartara la existencia de esta sociedad de mujeres.
Quienes defienden la existencia de las Damas Blancas argumentan que estas dos son las causas más importantes por las que las Damas Blancas han permanecido en las sombras hasta nuestros días. Para quienes aseguran que las Damas Blancas existen, la ignorancia y la incredulidad son la mejor defensa de esta organización.